El bicentenario de Darwin

 

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El 2009 rinde homenaje al autor de la teoría de la evolución de las especies cuando se cumple el 150 aniversario de su publicación y el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin.     

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Sabemos que el viaje que Charles Darwin realizó a bordo del HMS Beagle entre los años 1831 y 1836 le llevó hasta el archipiélago de las Galápagos en el Océano Pacífico oriental y que fue realmente la fauna que descubrió en este entorno lo que le influyó y le inspiró para publicar su teoría. Darwin quedó fascinado por un mundo que le era absolutamente desconocido y por la naturaleza desbordante que allí encontró. Su insaciable curiosidad le llevó a preguntarse por qué algunos fósiles eran como versiones gigantes de los armadillos y perezosos, o por qué algunos animales como los pingüinos usaban sus alas como aletas, y no para volar.       

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Se encontró también con tortugas gigantes y pinzones. Muchas especies de estos se diferenciaban por las formas distintas de sus picos, que sugerían adaptaciones a dietas particulares. Así es cómo empezó a desconfiar de la inmutabilidad de las especies.       

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Al regresar de la expedición, Darwin envió sus especímenes a expertos para su identificación –las aves a Gould, los mamíferos fósiles a Owen, los reptiles a un zoólogo llamado Thomas Bell–,  y se dedicó a poner en orden sus pensamientos y sus sospechas. Aproximadamente año y medio más tarde, Darwin dio con su teoría: selección natural, mediante la cual los individuos mejor adaptados de cada población sobreviven para tener descendencia y los otros no.

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Entonces  empezó a escribir un tratado largo, detallado y lleno de notas al pie sobre la selección natural. Ocultó esa teoría durante 20 años, hasta que un joven llamado Alfred Russel Wallace llegó a la misma idea, obligando a Darwin a apresurarse a tener lista la suya para la imprenta. Apareció en noviembre de 1859 con el título de “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural”, y de inmediato fue un éxito de ventas.

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Durante la vida de Darwin se imprimieron cinco ediciones más. Casi indiscutiblemente, se trata del libro científico más importante jamás publicado. Ciento cincuenta años después, hay quienes aún lo veneran, y quienes lo deploran, aunque indudablemente “El origen de las especies” sigue ejerciendo una influencia extraordinaria.

Así pues, la idea más grandiosa de Darwin fue que la selección natural es responsable en gran medida de la variedad de rasgos que se ven entre especies relacionadas. La selección natural también significaba la supervivencia del más apto, mientras que la selección sexual suponía la reproducción del más atractivo. Darwin creía que algunos de los adornos, como las astas de los venados, ayudaban a los machos a pelearse entre ellos por las hembras. La verdad es que la belleza inútil le preocupaba, pues parecía una excepción a las acciones absolutamente prácticas de la selección natural. En abril de 1860, le escribió al botánico estadounidense Asa Gray: “Cada vez que la miro, ¡la simple vista de la pluma de la cola de un pavorreal me enferma!”

Darwin llegó a sugerir que la selección sexual podría dar cuenta de las diferencias raciales en los humanos: “Hemos visto que cada raza tiene su propio estilo de belleza… La selección de las mujeres más atractivas por parte de los hombres más poderosos de cada tribu, que en promedio criarían un mayor número de hijos, después de muchas generaciones modificaría en cierto grado el carácter de la tribu”. Hoy sabemos que Darwin estaba en lo cierto.

Pensemos en los ojos azules.   20090507130819-10-1-.png A principios de 2008, Hans Eiberg y sus colegas de la Universidad de Copenhague encontraron una mutación genética común a todas las personas de ojos azules puros: el cambio de una sola letra, la A por la G, en el largo brazo del cromosoma 15, que bloquea la manifestación de un gen llamado OCA2, implicado en la producción del pigmento que oscurece los ojos. Al comparar el ADN de los daneses con el de la gente de Turquía y Jordania, Eiberg calculó que esta mutación tuvo que ocurrir hace 6 000 o 10 000 años, en un individuo en particular en algún lugar cercano al Mar Negro.

¿Por qué se extendió este cambio genético de manera tan exitosa, ya que la presencia de ojos azules no ayuda a la gente a sobrevivir? Quizás la gente de ojos azules pudo haber tenido más descendientes, principalmente porque resultó que eran más atractivos para el sexo opuesto en esa región geográfica. La explicación nos lleva a la selección sexual.

Curiosamente, el cambio en el orden de las letras que causa ojos azules no está en el gen del pigmento, sino en un fragmento cercano de la escritura del ADN que controla la expresión de ese gen. Esto apoya una idea que se extiende en la genética y la biología evolucionista: la evolución no sólo opera cambiando genes, también lo hace modificando la manera en la que esos genes se activan y anulan. De acuerdo con Sean Carroll, de la Universidad de Wisconsin en Madison, “el principal combustible de la evolución de la anatomía no son los cambios en los genes, sino las transformaciones en la regulación de los genes que controlan el desarrollo”.

Aunque la genética moderna reconoce la importancia de los logros de Darwin, también señala su error más grande. Sus propias ideas sobre el mecanismo hereditario estaban equivocadas. Él pensó que un organismo era una mezcla combinada de los rasgos de sus padres, y más tarde comenzó a creer que éste también heredaba rasgos adquiridos durante su existencia. Nunca entendió, como lo hizo el monje Gregor Mendel, que un organismo no es para nada una mezcla de sus padres, sino el resultado conjunto de montones y montones de rasgos de individuos que pasaron a su madre y su padre de sus propios padres, y antes de sus abuelos.

El ensayo de Mendel que 20090507130935-10.png describe la naturaleza particular de la herencia fue publicado en un desconocido diario de Moravia en 1866, justo siete años después de “El origen de las especies”, pero fue ignorado. Su destino fue morir años antes de que se reconociera la importancia de su descubrimiento. Afortunadamente su legado, como el de Darwin, todavía está dando que hablar.

ANA Mª MARTÍNEZ PUERTO, 2º Bachillerato B

 

Jueves, 07 de Mayo de 2009 13:12. Autor: Ana María Martínez Puerto 2ª Bach. #. Blog de 2º Bachillerato

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